¿Por qué estoy de vuelta aquí?
Bueno, todo empezo cuando seguía mi
rutinario camino a la escuela, cuando, de la nada, una chica que
nunca antes había visto, pasa por mi lado rozando mi hombro. Sentí
un extraño chispeo en mi interior.
Caminaba al mismo paso que yo, sólo
que unos metros más adelante. La empecé a observar: llevaba mi
mismo uniforme.
La analizo físicamente: Pelo largo,
castaño claro y ondulado. Cintura pequeña y piernas delgadas.
Estaba embobado observandola cuando
gira lentamente. Corro la mirada, pero no, ya es muy tarde, me
descubrió. La miro y clava sus pupilas en mi. Esboza una pequeña
sonrisa. ¡Oh, dios mio! Juro que mi corazón latía a mil...Sus
ojos, esos ojos pardo tenían algo, algo que no puedo explicar.
Decidí seguir el mismo camino que
ella, no estaba completamente seguro de que fuera a mi escuela, a
estas alturas del año, ¿quién se cambiaría? Bueno, la seguí y
sí, era de mi colegio.
La perdí entre los estudiantes así
que decidí ir a mi salón.
Entré, callado, tímido como siempre.
Y ahí estaba, con su sonrisa radiante, que destacaba entre la
multitud. Realmente no lo creía, ella era mi compañera...
Por un largo tiempo me dediqué a
observarla sigilosamente en las clases. De vez en cuando cruzabamos
miradas, y yo enrojecido, desviaba la mirada.
Los días pasaban y pasaban y yo seguía
observandola e idolatrandola secretamente.
Hasta que ese día jueves, en la clase
de Historia la profesora hizo un trabajo en parejas. Pero ellas las
escogió. Como es obvio, me tocó hacer pareja con ella. Mis
sentimientos se disparataron, estaba realmente eufórico, pero al
mismo tiempo muy, muy, muy nervioso.
La quedé observando, mostró su
hermosa sonrisa y caminó hacia mi asiento. El calor aumentaba y mi
piel estaba totalmente roja.
Me costó un montón poder sacar de mi
boca las palabras, y ella, a pesar de la torpeza de mis palabras y
movimientos, sonreía encantada. Quizás disfrutaba verme hacer el
ridículo.
Despues de unos largos treinta minutos, logré tomarle algo de
confianza y superar la vergüenza. Y llegó el momento de la odiosa
pregunta: ¿por qué estas siempre solo? Sonreí: No soy bueno
haciendo amigos, aparte, todos creen que estoy loco. Seguía con su
sonrisa pegada al rostro. <<dime>>. No pude decirle que
no a esa sonrisa. <<Hace aproximadamente un año, o quizás
más, sufría muchos trastornos y enfermedades, por eso tomaba muchas
pastillas que me llevaron a terminar siendo esquizofrénico, e hice
cosas emmm, no muy agradables>>, ella aún sonreía. No podía
decirle que era un maldito asesino, un psicópata que estuvo varios
meses en rehabilitacion, que lo único que lo mantenía cuerdo eran
un montón de pastillas.Ella notó que estaba incómodo y decidió que era tiempo de comenzar con el trabajo.
Michelle, así se llamaba. Despues de clases siempre nos ibamos juntos, ya que su casa quedaba cerca de la mia. Nos hicimos muy buenos amigos -aunque yo quería algo más- con ella podía ser yo. No temía a mi pasado ni a mis cicatrices.
Uno de los tantos días que veníamos de vuelta del colegio me confesó que estaba enamorada, y que esa persona también de ella. Entré en ese maldito estado. Mi cuerpo era una anarquía. Corrí, corrí y corrí, las lagrimas me cegaban. Entré a mi casa y vino ese fondo negro. Desenfrenado gritaba ''eres mía, sólo mía, si no es conmigo, no es con nadie''. Al volver a ver, mis brazos estaban llenos de sangre y heridas. La rabia aún seguía. Miré por la ventana, y Michelle estaba ahí, llorando, gritandome que me detuviera. Abrí la puerta y ella corrió a abrazarme.
Pasamos el resto de la tarde juntos. Curó mis heridas y me llevó a la cama, como a un niño pequeño. Me dormí con sus manos perdidas en mi cabello.
No volví al colegio. Y Michelle no volvió a visitarme. Así que decidí ir a buscarla. Más bien a seguirla.
Me descubrió, volví a ese maldito estado y fondo negro. Lo poco que recuerdo es mi rabia desenfrenada y mis gritos: <<eres mia>>.
Al volver a mi estado normal la ví, ahí, en el piso de mi cuarto, tapada completamente en sangre, con miles de cortes en todo su cuerpo. Y un cuchillo en mis manos.
Llamé desesperado, llorando a la policía. Como es obvio, quedé como el culpable. Pero no. Ella me pertenecía, debía hacerlo si realmente la amaba.
Y por eso estoy aquí, hablando con las murallas, en un cuarto de blancas murallas. Pero no estoy completamente solo. Mi cuchillo está aquí, ese con el que maté a mi amada y me hice daño miles de veces.
Las murallas me respondieron: Eres un asesino, ella nunca te quiso por eso, eres un maniaco. Estas solo, y mataste a tu única compañia. Asesino.
Grito desesperado <<no fui yo, yo no lo hice>>, sollozo y veo el cuchillo. <<cállense, paren, ¡no soy un asesino! ¡detengan esas voces por favor!>> y vi el cuchillo. Lo entierro lentamente en mi cabeza. Al fin esas voces se detuvieron...
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