Ayer fui a la iglesia. Fue lindo ver a toda esa gente triste y desamparada, sin miedo a demostrarlo. Me sentí acogida, sentí que a ellos no le importaba cuanto daño, cuantas cosas malas he hecho, sentí que aún existía un poco de esa cosa llamada esperanza para mi. Pero, hoy, cuando ya no esta Dios y sólo la oscuridad de mi cuarto me acompaña, me doy cuanta de que estoy sola. De nuevo.
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