miércoles, 10 de julio de 2013
de vuelta a la rutina
Micro, gente, timbre, me bajo. Hospital, me siento a esperar. Algo llama mi atención. Empiezo a observar cada detalle de ese intento de sala-de-espera, veo un diario mural con fotos y artículos sobre el sida y cosas que no me interesan en absoluto. Sigo recorriendo las blancas murallas con la mirada, me encuentro con unos cuadros, uno sobre el sida y otro de una niña. Observo a la gente, todos con miradas tristes. Miro más allá, por el largo pasillo; una sala mucho más bonita, bien decorada, con unos murales preciosos. De nuevo me empiezo a fijar en la gente. Eran niños con cáncer; me vino un repentino dolor al pecho, ¡cuanto debían sufrir esos pequeños! pero ellos tenían una preciosa sonrisa siempre. Me conmovió. De repente veo a un niño (también con cáncer) en silla de ruedas, no podía ni hablar, abrazaba a su padre, él lo miraba y lo acariciaba; tuve que contener las lágrimas.
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